
Yo creo que sí, os lo voy a demostrar.
El sábado parecía un día normal, un día cualquiera, pero había una excepción: era el día anterior a mi cumpleaños.
Así, como en sueño, me ví siguiendo las pistas que me dejaba Amélie por Madrid. Sí, habeís leído bien, los duendecillos con la inestimable colaboración de Amélie me fueron dejando pistas: en casa, en Atocha y en el Retiro que me llevaron a diferentes regalos de cumpleaños.
Gracias a todos por vuestra presencia, por los regalos, y por confirmame en la idea de que son buenos tiempos para los soñadores.
Eso sí, para que alguién sueñe, tiene que haber magos que saquen cosas increíbles de sus chisteras.